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Castigar a un gato.Te enseño las formas correctas y eficaces de hacerlo.

Castigar a un gato, ¿es efectivo? ¿puede provocar rechazo hacia el dueño? ¿lo estamos haciendo correctamente?

Estas son alguna de las preguntas que todo propietario de gato se ha hecho en algún momento de su vida. En este artículo revisaremos los métodos más efectivos para la educación de nuestra mascota, desde un punto de vista veterinario y del bienestar animal.

El castigo entra dentro de lo que se denomina condicionamiento operante. Esto no es más que el aprendizaje, por parte del gato, a realizar o no una conducta en función de la consecuencia que tenga para él.

Castigo activo o positivo

El felino realiza una conducta y esa conducta va seguida de algo negativo, lo cual provoca que el gato evite realizar ese comportamiento, o lo realizara en menor medida.

Para que este tipo de castigo sea efectivo debe cumplir algunos requisitos.

Desagradable para el animal, lo suficiente como para que deje de realizar esa conducta, pero sin llegar a inducir miedo en éste, obviamente debemos conocer a nuestra mascota y poner el límite según ésta reaccione.

Debe ser algo que llame la atención de nuestro gato y lo incomode, para que sepa que realizar esa acción tiene consecuencias desagradables.

Ojo, con estímulo desagradable no hablamos de pegarle, ésta nunca jamás debe ser la manera de actuar, porque no solo no detendremos ese mal comportamiento, si no que induciremos un miedo descomunal en nuestro compañero y retrocederemos 20 pasos en el vínculo que habíamos formado con él.

Sin embargo, algún estimulo como un sonido que le llame la atención puede ser adecuado para que el felino cese su mal comportamiento.

Este sonido o estímulo debe ser inmediato al acto indeseado, de no ser así, nuestra mascota no lo relacionará con la conducta que queremos corregir y será completamente inútil.

Debe ser breve, o de lo contrario perderá su eficacia, todos hemos escuchado el dicho de: “más vale una vez colorada que cien amarilla”.

Asegurarnos de que ocurra siempre, es decir, si el animal aprende que, si no le vemos hacer ese mal acto, no le regañamos, esperará a que no estemos presentes para hacerlo, con lo que no nos servirá de nada.

castigar a un gato

Una vez que ya conocemos esta forma de castigar a nuestro gato, vamos a pasar a otro tipo de castigo, mucho más eficaz y menos dañino. Es importante conocer el castigo positivo, pero es poco recomendable usarlo sistemáticamente.

Castigo pasivo o negativo

Cuando el animal realiza una mala conducta, algo positivo de su entorno desaparece. Esta técnica es mucho más útil que la anterior, pues nuestro gato lo entenderá mucho mejor y no corremos el riesgo bastante probable de inducir miedo en él.

El ejemplo más claro para explicar este tipo de castigo es al jugar o incluso al darle un premio a nuestra mascota. ¿Cuántas veces hemos ido a darle un snack y éste se lanza a morder nuestros dedos por las ganas de comer? Si esto ocurre, cesaremos inmediatamente de darle este premio, entonces él se dará cuenta de que si nos muerde ya no tiene premio.

Esto lo repetiremos tantas veces como sea necesario, hasta que el animal entienda y cambie su conducta.

Como ya he mencionado anteriormente, la manera de castigar, tanto activa como pasiva, debe ir condicionada a nuestro minino. Debemos conocerle y saber las cosas que le gustan y las cosas que no, siempre priorizando su bienestar.

Si ejecutamos un castigo y percibimos miedo, debemos encontrar otra manera de actuar. De lo contrario, lo que conseguimos es que nuestro gato no quiera estar con nosotros o no desarrolle actividades naturales delante nuestra, por temor a una mala reacción por nuestra parte.

Pero… ¿Cuándo hemos de castigar a nuestro gato?

Además del cómo castigar a nuestro gato, es imprescindible conocer cuándo hacerlo. Debemos saber que el gato tiene unas necesidades que están en su naturaleza y no podemos reprimir, pero si podemos reconducir hacia otro objetivo.

Para poner un ejemplo práctico, sencillo y que todos hemos vivido: Nuestro gato araña el sofá recién comprado y nuestro primer instinto es regañarle para hacerle ver que eso no está bien.

En lugar de eso deberíamos preguntarnos ¿Tiene mi gato un lugar específico y pensado para arañar? Si no es así siento decirte que la culpa de que tu sofá nuevo esté destrozado es únicamente tuya.

Y esto era solo un ejemplo. Nuestros compañeros tienen necesidades que, si nosotros no encauzamos hacia el lugar adecuado, ellos mismos se encargaran de buscar su lugar preferido para hacerlo.

castigar a un gato

En conclusión, debemos evitar en la medida de lo posible usar el castigo activo, sustituyéndolo por el pasivo como método de corrección de un mal comportamiento.